Coahuila:¿Quién ganó y quién perdió?

Redacción Pasarelamx
5 Min

Por Violeta Moreno Haro

La elección de Coahuila deja una lectura más interesante que el simple “ganó el PRI”. Sí, ganó el PRI. Ganó claramente. Ganó los 16 distritos de mayoría, obtuvo una ventaja muy amplia frente a Morena y volvió a demostrar que Coahuila se cuece aparte. Pero precisamente por eso hay que leer bien el resultado: no es una resurrección automática del PRI nacional, ni una receta que pueda copiarse en todo el país, ni una absolución completa de todo lo que ocurra alrededor de una maquinaria local muy poderosa.

Hasta donde sí ganó el PRI, ganó en tres planos. Ganó en votos, ganó en territorio y ganó en narrativa. En votos, porque duplicó prácticamente a Morena. En territorio, porque no dejó pasar a la oposición en ningún distrito de mayoría. Y en narrativa, porque logró instalar una idea muy clara: en Coahuila la estabilidad, la seguridad y el gobierno local pesan más que la ola nacional de Morena.

Ese es el triunfo real: no solamente conservar un bastión, sino convencer a una mayoría de ciudadanos de que cambiar de partido podía poner en riesgo algo que sí valoran. Coahuila no votó únicamente por siglas; votó por una percepción de orden. Y eso, en un país atravesado por inseguridad y gobiernos débiles, pesa muchísimo.

Ahora, ¿quiénes perdieron?

El primer perdedor fue Morena. No porque haya quedado en segundo lugar —eso puede pasar—, sino porque no logró traducir su poder nacional en arraigo local. Morena gobierna el país, administra programas federales, tiene presencia mediática permanente y aun así no pudo ganar un solo distrito. Eso habla de una operación local débil, perfiles insuficientes y una lectura equivocada del estado. La marca nacional no alcanza cuando enfrente hay un aparato local fuerte y una ciudadanía que no quiere experimentar.

El segundo perdedor fue el PAN. Ahí sí la derrota es histórica. Quedarse por debajo del umbral para conservar registro local, después de décadas de presencia política en Coahuila, no es un tropiezo: es una demolición. El panismo decidió ir solo y terminó reducido a la irrelevancia legislativa. Ese resultado debería obligarlo a revisar si todavía entiende el territorio o si se quedó viviendo de recuerdos.

El tercer perdedor fue la soberbia nacional de todos los partidos. Morena creyó que la ola federal podía entrar sola. El PAN creyó que podía sobrevivir sin alianza. Y algunos priistas ya quieren vender Coahuila como si fuera prueba de que el PRI nacional está de regreso. No. Lo que demuestra Coahuila es otra cosa: cuando hay gobierno local bien evaluado, estructura, seguridad, perfiles y operación territorial, se puede ganar. Sin eso, la sigla sola no hace milagros.

El cuarto perdedor fue el discurso de pureza. Morena denunció irregularidades y tiene derecho a acudir a las instancias correspondientes. Toda denuncia seria debe revisarse. Pero si se acusa compra o coacción, hay que probarlo. Del otro lado, el PRI tampoco debería caer en triunfalismo ciego: una victoria contundente no significa que no haya que revisar casillas atípicas o cuidar que la elección quede limpia. La democracia no se defiende sólo cuando uno pierde.

Y el quinto perdedor fue la política excluyente. Si el PRI entiende esta victoria como permiso para cerrar puertas, se equivoca. Coahuila ganó porque tuvo maquinaria, gobierno y perfiles. Pero un partido que quiere volver a ser competitivo en más lugares necesita sumar, no repartir certificados de pureza. Necesita abrir, escuchar y recuperar cuadros, no actuar como club privado.

Coahuila sí fue un triunfo del PRI. Pero fue, sobre todo, un triunfo del priismo local que supo gobernar, operar y leer su estado. Ahí está la lección: donde hay resultados, la ciudadanía puede premiar. Donde sólo hay marca, nostalgia o soberbia, la ciudadanía también sabe castigar.

 

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