Coahuila se cuece aparte

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Por Violeta Moreno Haro

Coahuila se cuece aparte. En un país donde Morena ha avanzado sobre buena parte del mapa político, ese estado parece haberse salvado del morenismo no por accidente ni sólo por nostalgia priista, sino porque ahí el PRI conserva algo que en muchos lugares perdió: gobiernos locales con resultados, estructura territorial y capacidad para escoger perfiles competitivos.

La victoria del domingo en el Congreso local no debe leerse como receta nacional. Sería un error creer que lo que funciona en Coahuila se puede copiar y pegar. Coahuila tiene historia propia y una sociedad con memoria reciente de violencia. Fue un estado golpeado por la inseguridad. Por eso, cuando hoy aparece entre los estados con menor percepción de inseguridad, baja pobreza extrema, alta formalidad laboral e indicadores competitivos, no hablamos sólo de propaganda: hablamos de resultados que la gente alcanza a sentir.

Cuando un gobierno local funciona, la ciudadanía lo premia. Antes se decía sin tanto enredo: el pueblo premia o castiga en las urnas. Cada quien se evalúa. Si un gobierno no da resultados, pierde. Si los da, tiene oportunidad de refrendar confianza.

De esta elección saco tres lecturas.

La primera: los políticos locales en Coahuila están haciendo un gran trabajo. Y eso incluye algo fundamental: permitieron elegir perfiles competitivos. Eso no siempre sucede en el PRI nacional, y tampoco sucede en todos los partidos. Muchas derrotas del PRI no se explican sólo por Morena, sino por haber sido excluyentes, por imponer candidatos malos, por castigar cuadros valiosos y por confundir lealtad con sumisión.

En Coahuila, el priismo local parece haber entendido que ganar exige territorio, oficio y perfiles que conecten con la gente. No basta una sigla. No basta una historia. Hay que presentar personas que puedan competir y representar.

La segunda lectura: los gobiernos actuales en el estado están haciendo un buen trabajo. Si no fuera así, difícilmente ganarían con esa contundencia. Claro que en México siempre existen sospechas de compra de votos, coacción o uso político de estructuras. Morena las acusa cuando pierde, pero Morena tampoco puede dar clases de pureza electoral cuando gobierna el país, administra programas sociales federales y también opera gobiernos locales.

Aun así, quiero pensar que hubo voto libre y que ganó quien la ciudadanía consideró que ha dado mejores resultados. Ese debería ser el principio básico de cualquier elección: que la gente evalúe lo que vive. Seguridad, empleo, orden, cercanía, estabilidad, servicios, perfiles. No lo que le dicen desde una dirigencia nacional, sino lo que siente en su calle.

La tercera lectura es para algunos priistas que, en lugar de aprender de Coahuila, salen a repartir certificados de pureza. He visto comentarios de personas priistas excluyendo a todos los que ya no consideran priistas, como si el partido estuviera en condiciones de darse esos lujos. Da risa esa mentalidad, porque si hoy el PRI no es competitivo en la mayor parte del país, en buena medida es por haber excluido, por no sumar, por cerrarse, por no poner a los mejores candidatos y por creer que el partido era propiedad de unos cuantos.

Un partido que pretende volver o llegar al poder debe sumar y multiplicar. Necesita abrir puertas, recuperar cuadros y escuchar a quienes se fueron. Coahuila no demuestra que el PRI nacional esté de regreso. Demuestra algo más útil: donde hay buenos gobiernos, buenos perfiles, estructura real y resultados palpables, todavía se puede competir. Y ojalá las siguientes elecciones en el país no estén manchadas por amenazas de nadie contra la ciudadanía, como en algunas ocasiones se ha señalado en distintos estados. Porque si algo debe quedar claro es que el voto sólo sirve plenamente cuando la gente puede ejercerlo en libertad, sin miedo y sin presión de ningún poder.

 

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