Tlaquepaque 2027: entre la paridad y la competencia

Redacción Pasarelamx
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Tlaquepaque 2027: entre la paridad y la competencia

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En política electoral hay discusiones que no pueden reducirse a una consigna. La definición de la candidatura a la presidencia municipal de San Pedro Tlaquepaque para 2027 será, sin duda, una de ellas. La primera obligación de cualquier partido debe ser cumplir escrupulosamente con las disposiciones constitucionales y electorales en materia de paridad de género. Nadie debería pretender disminuir los avances alcanzados por las mujeres en la vida pública ni cuestionar su derecho a competir y gobernar. Pero cumplir la ley tampoco significa que un municipio tenga que quedar, elección tras elección, reservado de facto para un determinado género. La discusión jurídica y política es mucho más amplia: se trata de encontrar el equilibrio entre igualdad, legalidad y competitividad electoral.

Tlaquepaque tiene una circunstancia que lo distingue de otros municipios de Jalisco y que, necesariamente, debe formar parte de la valoración política para 2027. Durante los últimos cuatro procesos electorales locales, la presidencia municipal ha sido encabezada por mujeres: María Elena Limón García llegó al gobierno municipal después de la elección de 2015; posteriormente lo hizo Citlalli Amaya de Luna, y en 2024 la elección fue ganada por Laura Imelda Pérez Segura. No se trata de cuestionar sus trayectorias ni de establecer que, después de cuatro mujeres, automáticamente corresponda un hombre. La democracia no funciona mediante turnos predeterminados y la ley tampoco establece una regla de alternancia de esa naturaleza. Lo que sí existe es una realidad política que debe ser considerada: Tlaquepaque tiene ya una experiencia prolongada de representación femenina en la presidencia municipal y, por tanto, no puede analizarse exactamente bajo los mismos criterios que un municipio donde nunca una mujer ha tenido esa responsabilidad.

Hay además un elemento jurídico que merece atención. Las reglas de paridad buscan garantizar la participación equilibrada de mujeres y hombres en el conjunto de las candidaturas y contemplan dimensiones horizontal, vertical y transversal. El objetivo es impedir que un género sea excluido o concentrado únicamente en espacios de menor competitividad. Pero eso no significa que cada municipio deba ser asignado permanentemente a mujeres o a hombres. De hecho, en la preparación del proceso electoral 2026-2027, el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Jalisco estableció medidas específicas para determinados municipios, entre ellos algunos en los que nunca había sido electa una mujer. Tlaquepaque no fue incluido en ese grupo de municipios con candidatura exclusivamente femenina. La distinción importa porque demuestra que la autoridad electoral no utiliza una regla uniforme para todos los territorios, sino que considera circunstancias concretas de representación y participación.

Por eso, la eventual postulación de un candidato varón en Tlaquepaque no tendría por qué plantearse como una batalla contra la paridad. Puede plantearse, por el contrario, como una decisión compatible con ella, siempre que el partido cumpla las reglas aplicables en el conjunto de sus candidaturas. El debate debería trasladarse entonces al terreno que verdaderamente importa en una elección: quién tiene mayores posibilidades de convencer a los ciudadanos, construir una mayoría y ganar. En 2024, la competencia municipal en Tlaquepaque fue cerrada. Morena y sus aliados obtuvieron 43.97 por ciento de los votos, mientras Movimiento Ciudadano alcanzó 39.65 por ciento. Una diferencia de poco más de cuatro puntos revela que el municipio no es un territorio donde pueda darse por descontado el resultado. Es, por el contrario, un espacio electoral competitivo en el que el perfil de la candidatura puede modificar considerablemente el desenlace.

Después de cuatro elecciones consecutivas con mujeres al frente del municipio, la posibilidad de presentar un hombre puede representar una oportunidad de renovación política y una señal de alternancia. No porque las mujeres hayan dejado de tener capacidad para gobernar, ni porque exista un supuesto derecho masculino a ocupar la presidencia municipal, sino porque la igualdad democrática también implica que los hombres puedan competir cuando su perfil resulte electoralmente competitivo y cuando la postulación sea jurídicamente compatible con las reglas de paridad. El género, por sí solo, no debería sustituir la evaluación de atributos que determinan una elección: conocimiento territorial, aceptación ciudadana, experiencia, capacidad de comunicación, estructura, liderazgo, credibilidad y posibilidades reales de crecimiento.

Tlaquepaque no necesita que la discusión de 2027 se convierta en una disputa entre hombres y mujeres. Necesita que los partidos sean capaces de combinar el cumplimiento irrestricto de la ley con una lectura inteligente de la realidad electoral. Si la legislación no establece que este municipio deba ser encabezado necesariamente por una mujer y si el contexto histórico muestra cuatro procesos consecutivos con presidentas municipales, entonces existe espacio legítimo para valorar una candidatura masculina, siempre dentro de las reglas de paridad. La pregunta correcta, por tanto, no es a quién “le toca” gobernar Tlaquepaque, sino quién puede representar una alternativa competitiva, incluyente y capaz de construir una mayoría. En 2027, la paridad debe garantizarse; pero también debe garantizarse algo esencial en toda democracia: la posibilidad real de competir y ganar.

 

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