Siete meses y el juego empieza

Siete meses y el juego empieza

Redacción Pasarelamx
6 Min
Siete meses y el juego empieza

Por Carlos Anguiano

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@carlosanguianoz en redes sociales

 

La elección de junio de 2027 está cada vez más cerca. Siete meses pueden parecer mucho tiempo, pero en política representan apenas unos cuantos movimientos para cambiar escenarios, modificar alianzas, consolidar aspiraciones o derrumbar proyectos que hoy parecen firmes. En más de 200 días puede pasar prácticamente de todo. La política no es una fotografía; es una sucesión de acontecimientos, decisiones, errores y oportunidades que modifican constantemente el tablero electoral.

Por eso conviene poner las cosas en perspectiva: las encuestas que hoy conocemos no tienen carácter definitivo ni pueden interpretarse como un anticipo confiable del resultado electoral. No estamos frente a una competencia plenamente definida, porque ni siquiera existen todavía todas las candidaturas reales que estarán en las boletas. Hay aspirantes, posicionamientos, mediciones de reconocimiento y ejercicios de opinión, pero falta lo fundamental: conocer quiénes serán los candidatos, qué alianzas se concretarán, qué propuestas presentarán y cómo responderá la ciudadanía a sus campañas. Quien hoy presume una ventaja como si ya tuviera ganada la elección confunde una medición temporal con una sentencia electoral.

Los próximos meses pueden modificarlo todo. La postulación de buenos o malos candidatos, los escándalos políticos y personales, las controversias que involucren a dirigentes partidistas o figuras gubernamentales, las campañas bien o mal organizadas y las decisiones que se tomen desde el poder pueden cambiar el ánimo social. También influirán factores ajenos a las estrategias partidistas: una crisis económica, el encarecimiento de los productos básicos, la pérdida de empleos, los fenómenos naturales, las emergencias sanitarias o las crisis de seguridad.

A ello se suman los señalamientos de corrupción, las investigaciones judiciales y los procesos que puedan desarrollarse en Estados Unidos cuando involucren a personajes de la vida pública mexicana. Cada acontecimiento tendrá que analizarse con responsabilidad, distinguiendo entre denuncias, investigaciones, acusaciones y sentencias. Ni la descalificación anticipada ni la indiferencia frente a hechos documentados ayudan a construir una democracia seria.

En este contexto, las dirigencias partidistas tienen una responsabilidad que va más allá de ganar posiciones: seleccionar candidatos con trayectoria, preparación, integridad y capacidad de representar a la sociedad. Una mala postulación puede comprometer una campaña antes de que comience; una buena candidatura, en cambio, debe sostenerse con propuestas, resultados y cercanía ciudadana. No bastará con tener una marca partidista conocida, una estructura territorial o una fotografía favorable en las encuestas.

En 2027 no solamente se disputarán espacios de poder. Estará en juego la integración de la Cámara de Diputados federal, cuyas decisiones sobre leyes, presupuesto y fiscalización inciden en la vida pública. En Jalisco también se renovarán autoridades locales. De esas decisiones dependen prioridades, recursos y formas de atender los problemas colectivos.

Existe un riesgo mayor que cualquier estrategia partidista: que la ciudadanía llegue a las urnas cansada, decepcionada o desinformada. Que los escándalos sustituyan al debate, que las campañas se conviertan en descalificaciones o que las promesas y las dádivas pesen más que los resultados. La democracia pierde calidad cuando el ciudadano deja de preguntar y se resigna a elegir entre opciones que no conoce.

Por eso, estos siete meses deben ser tiempo de preparación ciudadana. No basta con seguir encuestas ni repetir lo que dicen las dirigencias o las redes sociales. Hay que contrastar información, revisar trayectorias, conocer propuestas y exigir explicaciones. Preguntemos qué hicieron quienes buscan reelegirse, qué resultados entregaron y cómo votaron; conozcamos los compromisos de quienes aspiran por primera vez. Para elegir diputados federales importa saber si conocen la tarea legislativa y si están dispuestos a rendir cuentas.

Las campañas pasarán; las decisiones públicas permanecerán. El voto no debe ser un cheque en blanco ni un acto de simpatía automática: es un instrumento para respaldar, corregir, exigir y cambiar. La abstención y la indiferencia reducen nuestra capacidad de incidir; la participación informada la fortalece.

El juego electoral empieza, pero la democracia no es un juego de partidos: es una responsabilidad compartida. Observemos, preguntemos, informémonos y participemos. No entreguemos nuestra decisión a una encuesta, una consigna o una campaña de miedo. Lleguemos a las urnas con criterio propio y hagamos valer nuestro voto.

Porque mejores gobiernos y mejores diputados requieren ciudadanos atentos, críticos y comprometidos. En 2027 no se trata únicamente de elegir quién gobierna, sino de decidir qué comunidad y qué país queremos construir.

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