Una elección también se cuida en cada casilla

Redacción Pasarelamx
5 Min

Por: Violeta Moreno Haro

Los partidos nuevos tienen un problema distinto al de los tradicionales: pueden tener entusiasmo, buenas ideas y candidatos competitivos, pero todavía no cuentan con estructuras construidas durante décadas.

Por eso deben administrar con enorme inteligencia su recurso más escaso: las personas de confianza.

En ese contexto vale preguntarse si resulta estratégico destinar cuadros propios a tareas de observación electoral cuando todavía existen miles de casillas que necesitarán representantes acreditados del partido.

No porque los observadores electorales no sean importantes. Lo son. Fortalecen la transparencia y la vigilancia ciudadana. Pero su función es distinta.

Para organizaciones nuevas como SOMOS o PAZ, construir una estructura capaz de cuidar casillas en todo el país debería ser una prioridad.

Un representante acreditado puede permanecer durante la jornada electoral, vigilar su desarrollo, recibir copias de las actas, presentar escritos de incidentes y protesta, firmar las actas (incluso bajo protesta) y acompañar el paquete electoral. Además, conforme a las reglas aplicables, puede ejercer su voto presentando su Credencial para Votar.

Es decir, no solamente observa: representa al partido exactamente donde los votos se reciben y se cuentan.

Los partidos tradicionales entendieron esto hace décadas.

Una estructura electoral no consiste únicamente en llenar plazas o movilizar simpatizantes. Consiste en tener ojos, información y personas confiables en el territorio.

Para un partido nuevo existe otra ventaja: cada representante puede convertirse después en una pequeña semilla territorial. Conoce su sección, identifica vecinos, adquiere experiencia electoral y establece una relación directa con la organización.

Ahí empieza la estructura verdadera.

Y precisamente por eso llama la atención que, mientras las nuevas fuerzas deberían concentrarse en construirla, SOMOS haya tenido que gastar energía incluso en defender su nombre, colores y emblema.

El INE otorgó el registro a Somos México, pero ordenó modificar su denominación e identidad gráfica. Posteriormente, el Tribunal Electoral confirmó que debía cambiarse el nombre. SOMOS retiró la palabra México y después enfrentó nuevas objeciones respecto de su propuesta de emblema.

Las resoluciones de las autoridades electorales deben cumplirse. Pero políticamente también pueden discutirse.

Porque “México” aparece, por ejemplo, en el nombre oficial del Partido Verde Ecologista de México, mientras Morena ha utilizado durante años expresiones como “La esperanza de México” en su identidad política.

Entonces resulta inevitable preguntar: ¿de verdad éste es el tamaño del problema que representa un partido nuevo de oposición?

O, dicho de otra manera: ¿es éste el tamaño del miedo?

Cuando una nueva oposición tiene que gastar tiempo discutiendo hasta las palabras con las que puede nombrarse, mientras simultáneamente debe afiliar ciudadanos, formar cuadros y construir una estructura nacional, comienza a ser comprensible que algunos perciban algo más que simple rigor administrativo.

Pero precisamente por eso SOMOS no debería distraerse.

Lo mismo vale para PAZ y cualquier nueva fuerza nacional.

Su siguiente salto no consiste solamente en conseguir simpatizantes: consiste en convertirlos en estructura.

Capacitar representantes, cubrir el mayor número posible de casillas, organizar representantes generales, recibir oportunamente las actas y establecer mecanismos para reportar cualquier irregularidad.

La observación electoral debe fortalecerse y puede nutrirse de ciudadanos independientes y organizaciones civiles.

Un partido tiene otra responsabilidad: cuidar sus propios votos.

Desperdiciar una persona confiable en una función que podría desempeñar alguien independiente mientras una casilla queda sin representante propio puede ser, para una organización naciente, un lujo demasiado caro.

Las elecciones se ganan convenciendo ciudadanos, pero también se defienden construyendo estructura.

Porque el último discurso de una campaña no ocurre frente a un micrófono.

Ocurre alrededor de una mesa, cuando se abre una urna y alguien empieza a contar los votos.

 

TAGGED:
Comparte esta noticia
No hay comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *